Hay momentos que marcan el pulso de una empresa. Y no por los productos o servicios, ni por los números, sino por las personas. Por quienes hacen posible que cada día, en nuestro caso, la madera cobre forma y alma. Hoy nos detenemos para rendir homenaje a cuatro de ellas que recientemente han cerrado su etapa profesional con nosotros: Manolo Pozo, Angelines Orozco, Jabier Alberdi y Pili Zinkunegi. Cuatro historias distintas, unidas por una misma materia prima: el compromiso.
El pasillo más emotivo de Astigarraga Kit Line
Hay una tradición en Astigarraga Kit Line que no está escrita en ningún manual, pero que todos conocen bien. Cuando alguien se jubila, los compañeros forman un pasillo. Se colocan uno al lado del otro, brazos en alto, sosteniendo un caballete si quien se despide ha trabajado en la planta de caballetes, o una pieza de mobiliario si su historia ha estado ligada a este taller. Manolo, Angelines y Jabier son del team caballetero; y Pili, del mobiliario.
No hace falta decir discursos ni protocolo. El homenajeado recorre ese pasillo sabiendo que cada paso es un recuerdo, cada mirada una despedida y cada objeto levantado un símbolo del camino compartido. Hay emoción, hay nervios, hay lágrimas contenidas que a veces se escapan.

«Fue impresionante», dice Javier. «Esa noche no dormí bien, venía muy nervioso». Manolo lo recuerda con la voz quebrada: «Ver a tanta gente allí… incluso algunos que ya no trabajaban, que vinieron sólo para ese momento. Fue precioso». Angelines, por su parte, aún lo revive con intensidad: “Cuando caminaba por el paseíllo, me sentía entre algodones. Cuando empecé a fijarme en las caras, es cuando más me emocioné. Lloré antes, durante y después”.


Manolo Pozo: 40 años entre caballetes y compañerismo
Manolo es la memoria viva de una planta que ha crecido con él. Nada menos que 40 años en Astigarraga Kit Line. Se dice pronto. Detrás de esas cuatro décadas hay trabajo, compromiso y compañerismo. “Yo he disfrutado mucho en el taller”, asegura. “Me siento muy orgulloso de haber pertenecido a Astigarraga Kit Line, y sobre todo de los compañeros que he tenido”.

Manolo recuerda con claridad sus inicios, cuando era solo un chaval y el fundador, Juan José Astigarraga, le llamaba para cubicar la madera. Fue en 1982 cuando comenzaron a hacer piezas para los caballetes, primero en el taller de Landeta-Etxeberri. A partir del año 2000, la actividad se trasladó a la planta actual, donde Manolo fue pieza clave en el desarrollo del departamento de logística. Preparaba los pedidos de los distribuidores, cargaba los pallets de caballetes en los camiones y se aseguraba de que cada entrega llegara puntualmente a su destino, en cualquier rincón de Europa. Ese departamento prácticamente nació con él.
Pero más allá de su recorrido profesional, Manolo es esa persona a la que todos acuden. «Es nuestro relaciones públicas», dice Angelines. «Siempre está ahí para ayudar», continúa. Jabier lo resume en una sola palabra: “amigo”. Y Manolo responde con complicidad: “Ya está, con esa palabra está todo dicho”.
Manolo representa todo lo que esta empresa quiere ser: compromiso, cercanía, trabajo bien hecho y una gran familia. Su historia es también la historia de Astigarraga Kit Line.
Angelines Orozco, la ilusión entre caballetes
El 11 de septiembre de 2001, Angelines se incorporó a la planta de caballetes de Astigarraga Kit Line. Desde aquel día, su carácter trabajador, su buen humor y una alegría contagiosa han dejado una huella imborrable.

Su paso por la empresa ha estado marcado por el rigor del trabajo bien hecho. Sin necesidad de un papel que lo certifique, Angelines ha sido una pionera en un entorno tradicionalmente masculino. “La mujer que más caballetes ha fabricado en el mundo”, decimos con admiración en Astigarraga Kit Line. Y no es una exageración. Javier lo resume así: “Nunca se ha dicho nada por ser mujer. Trabajaba como la que más y cosía caballetes como el resto”.
Temple y arrojo. Como la veta noble de una buena madera. Así es ella. “Siempre he dicho que este trabajo me ha entretenido”, cuenta. “Astigarraga Kit Line ha sido parte de mi vida. Cuando digo el taller, siempre digo nuestro taller, como si fuera nuestro, como si fuera mío. Yo siempre he venido y he trabajado con ilusión”.
Aunque ya es un trabajo mecanizado, aún recuerda con precisión cada paso de sus primeras jornadas: “Llegaban las piezas: patas, cabezales, travesaños… Se echaba cola, se montaban en la prensa, se apilaban en carros, se ponían las bisagras, se hacían los paquetes de 35 caballetes, se flejaba a mano y luego a cargar al camión. Paquete a paquete. Todo a mano”.
Javier Alberdi: el alma de la línea de caballetes
«Lo que más me duele es no haber podido acabar con el pantalón azul». Así recuerda Jabier su despedida de Astigarraga Kit Line. Una espinita que se le ha quedado clavada tras casi cuatro décadas de trabajo continuo. El pantalón azul de faena, símbolo de una vida entera dedicada a la planta de fabricación de caballetes, no pudo despedirse con él, porque su jubilación llegó durante una baja. Pero lo demás, todo lo demás, está lleno de buenos recuerdos.

El 2 de septiembre de 1985 lo tiene grabado a fuego: fue su primer día en la empresa. Entró con nervios, como quien comienza una nueva etapa sin saber que está dando el primer paso de un largo viaje. Recuerda el último día con emoción. “Hemos pasado 40 años y nos seguimos hablando todos. Eso es muy difícil. En pocas empresas sucede y es muy importante”.
Jabier ha sido experiencia, piña, engranaje de una cadena esencial para Astigarraga Kit Line. Siempre en la misma línea de fabricación: ·”cosiendo caballetes”. A diferencia de su inseparable amigo Manolo —con quien comparte una vida casi en paralelo—, Jabier nunca se movió de esta planta de producción. Nadie conoce mejor los caballetes que él. Podría dibujarlos con los ojos cerrados.
Prefería el turno de tarde, y en los últimos años ya le pesaban los madrugones de las cinco de la mañana. Pero aun así, nunca perdió el entusiasmo. “Lo que más me ha gustado ha sido el ambiente. Me llevo a muchas personas, les tengo muchísimo cariño”.
Su amistad con Manolo es de otro nivel. “Nos conocemos desde que éramos niños. Vivimos en la misma calle, en el mismo bloque, en el mismo número de piso. Nuestras mujeres son amigas”. Son como dos árboles que han crecido uno al lado del otro, con raíces entrelazadas bajo tierra.
Jabier se va con la tranquilidad de haberlo dado todo. Con la emoción de lo vivido y la certeza de que lo importante permanece. Y aunque no pudo despedirse con su pantalón azul, deja algo mucho más duradero: una huella hecha de trabajo, amistad y madera bien ensamblada.
Pili Zinkunegi: el valor del trabajo bien hecho
Pili Zinkunegi ha sido sinónimo de entrega en la planta de mobiliario de Astigarraga Kit Line. Entró en 2002. “Nunca piensas que vas a estar tantos años en una misma empresa”, reflexiona. “Pero siempre he venido a gusto”. Y esa actitud se ha notado en cada tabla, en cada estantería, en cada botellero que ha pasado por sus manos. En el mecanizado -su territorio natural-, ha sido una presencia firme: lijando molduras, ajustando medidas, preparando piezas para su ensamblaje.

Aunque la mayor parte de su trayectoria ha estado en el taller de mobiliario, quienes la conocieron saben de su entrega. En una etapa en la que bajó el volumen de trabajo, Pili no dudó en cruzar la línea y sumarse a la planta de caballetes.
Pili no vivió el paseíllo de despedida. Una baja laboral y su natural reserva la alejaron del foco. Pero su historia no necesitó de caballetes en alto para brillar. Su legado está en cada veta lijada con mimo, en la precisión de los acabados… Ha sumado sin hacer ruido.
No era fan del turno de tarde -como Angelines-, pero siempre cumplió. “Astigarraga Kit Line ha sido una parte importante de mi vida”, resume. Y en esa frase se condensan más de dos décadas de esfuerzo y de saber hacer.
Hoy, ya prejubilada, Pili se dedica a sí misma. Pasea, va a la piscina, cocina con calma. Se cuida. Vive. Pero su nombre sigue resonando entre las máquinas de mecanizado de mobiliario.

Más que trayectorias, raíces
Hay personas que se cruzan en el camino de una empresa, y otras que ayudan a trazarlo. Manolo, Angelines, Jabier y Pili pertenecen a este segundo grupo. Han sido parte del tejido que sostiene nuestro día a día. De la madera que no se ve, pero que da estructura.
En Astigarraga Kit Line trabajamos con madera, sí. Pero sobre todo, trabajamos con personas. Y Manolo, Angelines, Javier y Pili nos recuerdan que el valor de una empresa no está sólo en lo que produce, sino en cómo lo hace, y con quién.

A todos ellos, gracias por tanto.
Astigarraga Kit Line siempre será vuestra casa.